La salud de Zapatero se resiente por la crisis

Ni discursos parlamentarios, ni mociones de confianza, ni ruedas de prensa, ni nada de eso. La verdad de lo que el presidente del Gobierno tiene en su cabeza y en sus entrañas la hemos conocido por un comentario espontáneo que hizo el otro día al presidente de Cantabria, a quien le ha faltado tiempo para divulgarlo.

Yo aguanto hasta el final pase lo que pase, ya no es cuestión de que llegue a las elecciones tocadísimo o desprestigiado. Ahora está en juego España (…) La que nos está cayendo y la que nos puede caer es tan gorda, que yo no abandono el barco“. Esas y otras consideraciones semejantes son las que el lenguaraz de Miguel Ángel Revilla dice que le dijo Zapatero en la Moncloa.

El presidente cántabro ha acompañado esa revelación de sus impresiones personales sobre el aspecto del Jefe del Ejecutivo. Eso es algo que salta a la vista, pero hasta ahora nadie lo había comentado públicamente. El mismo Revilla reconoce que lo que más le llamó la atención de su encuentro con Rodríguez Zapatero fue su deterioro físico. Lo encontré preocupadamente delgado, dice, y le preguntó si es que no come.

Si para el presidente del Gobierno la segunda Legislatura se le presentaba complicada, afrontar la crisis en la cuenta atrás de este periodo le está produciendo un desgaste que nunca imaginó. Los servicios médicos de la Moncloa ya saben lo que es eso y cómo controlar a un paciente tan especial.

Los responsables de la imagen presidencial conocen mejor que nadie los efectos de ese desgaste en su apariencia, cada vez menos jovial y sin espontaneidad en la sonrisa que tanto le ayudó. Esos asesores disponen las comparecencias públicas del presidente de forma que se disimule la acelerada pérdida de cabello, las permanente bolsas bajo los ojos, las arrugas que enmarcan la boca o la extrema delgadez que se advierte por lo que enseña de las piernas.

Realizadores, fotógrafos, cámaras, maquilladores, peluqueros, iluminadores… profesionales de esos oficios trabajan por conseguir un look atractivo, que en el caso de un político ha de ser un look de triunfador.

El político, en este caso Zapatero, lleva la procesión por dentro: pelear diariamente con sinsabores, fracasos, errores, ataques, temores y ansiedades. Como él mismo confiesa lo aguanta todo, aunque se deje la salud en el intento. ¿Cómo lo consigue? Con una mezcla del sentido de la responsabilidad del que presume y una gran dosis de la ambición que no confiesa, pero se le nota.

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